9.04.2011

Problemas

Permanecer una hora tomado de la mano de una persona a la que recién conoces, viéndose a los ojos durante una hora, los dos en el suelo, sintiendo como su corazón golpea sus gargantas y del mismo modo el suelo.

Comienzas a encontrar formas en el color de sus ojos, aun hoy cierras los ojos y puedes recordar perfectamente el tamaño de sus pupilas.

Podría sonar tan romántico, sin es que en realidad lo fuera, la verdad es que eso es lo único que he querido guardar de ese día, en el que sin querer, estuve atrapada durante poco más de una hora en medio de una balacera entre narcos.

Fue hace ya poco más de un mes, el día de mi liberación del servicio social, 27 de julio, fui con una amiga a entregar mi trabajo de comunidad y mientras esperábamos en el patio de la coordinación de salud a que llegara la jefa de enseñanza escuchamos disparos, casi por reflejo me tiré al suelo, pensando que estaba haciendo el ridículo, pero aun así jalé a mi amiga conmigo, no podíamos dejar de vernos perplejas/asombradas/extrañadas por que los disparos no se detenían.

La única vez que había escuchado balazos en mi vida había sido en películas, y una noche en mi centro de salud, pero fue una idea que rápidamente deseché pensando que eran carros pasando sobre los topes de la calle. Eso era todo. Así que realmente no sabía si eran balazos o algo más.

Como ya les contaba, estábamos en el patio, como pudimos corrimos a un cuarto cercano y cerca se escuchaba gente que hablaba, trabajadores del lugar, entonces comenzamos pensar que eramos unas idiotas por escondernos, que lo más probable es que cerca del lugar hubiera un campo de tiro, aun los tiros no dejaban de sonar, cada vez más cerca.

Salimos hacia donde antes habíamos escuchado ruido y descubrimos que no había nadie, todas las puertas cerradas, grité por ayuda, que alguien nos abriera alguna puerta, por fin se escuchó que alguien abría el seguro de la puerta y corrimos ahí, estaba la mayoría de los empleados, algunos hablando por teléfono a la policía, otros rezando o simplemente llorando. Fue ahí cuando sentí que la realidad no era la que yo conocía, que tenía que ser un sueño y que pronto iba a despertar.

La gente hablaba cada vez más fuerte y los balazos se escuchaban cada vez más cerca, como si pudieran escuchar, como si nos estuvieran buscando. Trataba de pensar que era lo que yo podía hacer para mantenerme a salvo, para no morir en mi último día del servicio social. Podía pensar en la gente que me había dicho que era un peligro ir a ese estado de la república, en mis padres siempre preocupados por mi y de algún modo, antes de entrar en pánico recordé a un amigo de mi papá ex-agente federal; tal ves el nos podría brindar ayuda, conocer a alguien que nos sacara de ahí, que me dijera que era lo que tenía que hacer.

Mi teléfono no tenía señal, comenzamos a escuchar a gente hablando, caminando en el techo, disparando... entonces pude comunicarme con este señor, me dijo que era lo más que podíamos hacer, no era mucho, pero al menos me dio una sensación de calma, nos dijo que teníamos que bloquear las entradas, recostarnos sobre el suelo y fue así como terminé más de una hora tomada de la mano de mi amiga.

No puedes imaginar que es lo que es enfrentarte al final de tu vida y darte cuenta de que aun hay cosas que quieres hacer, que hiciste mal, que hubieras querido poder arreglar, pensar en tu familia, en tus padres y hermanos, en la persona que amaste y jamás pudiste recuperar, darte cuenta que no puedes hacer nada para salir de una situación que no buscaste.

Toda tu vida tus padres te dicen no robes, no mientas, no te acerques a personas peligrosas, que hagas siempre el bien y así nunca te vas a meter en problemas, pero eso es mentira, probablemente antes esa era la verdad, pero ahora no basta con no hacer mal o hacer bien, simplemente a mi no me bastó.

Mientras descubría un nuevo tipo de color de ojos en los ojos de mi amiga pensaba en cuanto amaba a la gente con la que había convivido, mandé un mensaje al amor de mi vida (que actualmente me odia) diciéndole que por favor no me contestara, que solo quería decirle que aun lo amaba (al día siguiente me di cuenta que el mensaje nunca se envió, cosa del destino).

A un mes, aun sigo teniendo pesadillas sobre lo sucedido, hoy fui al cine y casi me salgo al ver una escena de lucha (no había tenido contacto con esas escenas desde ese día), recordar el evento me transporta a ese día, siento como mi corazón quiere salir corriendo, aun así, me hace sentirme más viva, con la firme intención de hacer algo cuando la oportunidad esté en mis manos.

Y hace poco en una expomascotas

PD: Al día siguiente tomé avión a Mty, estuve un mes exactamente, y si, también me tocó estar en ese estado cuando ocurrió el atentado al casino, yo no estuve en ese lugar, solo en la misma colonia, pero me gustaría poder decir que comprendo el dolor de los que no tuvieron tanta suerte como yo.

4 asintomáticos :

  1. Darío dijo...

    Hay lore =/, ni que decirte.. me hubiera dolido mucho perderte y mira que ni te conozco!! jaja asi de grande eres =).
    Cuidate mucho, te quiero un chorro.

  2. Alfonso dijo...

    Lore, solo una vez en mi vida te he visto, pero me caiste muy bien. No puedo mas que imaginarme el infierno que pasaste, pero puedo decirte que desafortunadamente este tipo de cosas nos hacen valorar a la familia, a los amigos, y en especial al regalo de la vida.

    Te mando un abrazo y espero que todo esto mejore, por el bien de todos.

    Saludos

  3. José Eduardo dijo...

    Lo que hace mas fea la experiencia es que no puedes evitar preguntarte si la próxima vez estarás más cerca o mas lejos de salir dañado ya sea de un enfrentamiento, asalto o secuestro, y la impotencia de siempre concluir que por más que te organices con los vecinos, que llames a la policia cada que ves un auto con 4 pelados estacionado por buen rato en contraesquina de tu casa o evites salir de casa muy ostentosa, no obtienes ninguna garantía.
    Es una mierda vivir así y lamentablemente no nos queda de otra que seguir adelante.



    Suerte en el ENARM

  4. Charlie dijo...

    Es de verdad impresionante la manera en que una experiencia así te cambia la vida.

    Qué bueno tenerte entre nosotros. No dejes de escribir.